
A veces conceptuamos que más cordura tienen quienes gente adulta y
madura se creen, demandan aislar su difundida experiencia con la
inmadurez supuesta de la juventud.
Y así llegan -mienten con la
fuerza tentadora de la sabiduría- siempre quieren tener la razón
asimilando a conveniencia su atrevimiento. Aún pretenden conocer del
mundo y manejar todo tipo de situaciones, mas no entienden que su ego
les traiciona.
Acaso, ¿no fueron sus malas decisiones las que hoy perjudican la tan ansiedad estabilidad?
No es
lo que soñaron -recuerdos inmóviles- lágrimas desvalorizadas. Codician
escapar de una agitada angustia que parecieran merecerla.
Ni serán
sus plegarias las que cambien el mundo, lamentos -sutiles quimeras-,
deseos que fenecen aún cuando no terminan de pedirlos. No tiene sentido
encargarnos su culpa, remedios artificiales -cobardía externa- Agarras
un equipaje lleno de esperanza -no tiene cabida tanta insistencia-
Instan
a reclamar y esconden su voz, aprovechándose de la ingenua desconfianza
y cansancio producido por la espera. Injusta hidalguía -sonada espera-
No es causa de risa tu ironía –prepotencia- signo de mala educación. ¿Emancipada cordura?
¡Un
reclamo les cambia de genio…! -que osadía- gestos prepotentes, órdenes
de esperpento. Luego se autoexcluyen, exigiendo que la nueva generación
arregle sus mal logrados objetivos. No supieron cuidar la naturaleza,
¡…ni heredaron a sus generaciones el respeto por la vida…!
Recuperas
en oprobio tu ignominiosa estrategia -funcional para ti- Pero, no me
atrevo a juzgar tu apariencia de mejorar como siempre tu cobarde
actuación. Te aseguro -no juzgo-, simplemente escribo verdades que si
llegan a lastimarte pues una incipiente conciencia se mantiene en tu
alarde.
Respetando vivo el irrespeto de su cobardía que no les permite defender ni siquiera lo que creen -imperioso resultado-
Autor: Quituisaca Samaniego Lilia


